Bienvenid@


Querido soñador/a, bienvenid@
Soy Silvia Soñadora. Escribo para reflejar todo lo que mi alma quiere gritar. Un buen libro y un café. El ritmo de una canción. Sonrisas. Amor. Arte.
Esas pequeñas cosas que hacen esta vida tan bonita.
Dicen que escribir es el espejo del alma, así que las palabras aquí escritas serán mi reflejo.

Como parte de mis sueños, espero que disfrutes la lectura.

Infinitos

22.10.17

Yo era de las que siempre decía que no me gustaban las despedidas, y ahora me doy cuenta de que lo verdaderamente jodido es no poder decir adiós, irse sin despedirse, que todo se acabe sin que tú hayas tenido suficiente.

Maldita nuestra manía de eternizar el tiempo, de vivir creyendo en la infinitud de los momentos. Ya no sé si es de gilipollas o de bohemios.
Intento buscar la manera de ser consecuente, pero solo sé que estamos locos por pasar por tantos lugares estando quietos, y demasiado cuerdos por no volar más alto aunque nos estrellemos.
Que irónico querer y no poder, que un beso sea tan efímero como intenso.
Que perdamos por querer ganar. Acelerar para llegar, y pasarnos de vueltas.

Que seamos tanto y al mismo tiempo tan poco. Que el miedo nos gane tantas veces, aún sabiendo que solo nos estamos frenando. Llegamos sin saber si correr, o volar, si parar o coger el tren sin pensar.

Un día abres los ojos y ves que has estado a oscuras todo este tiempo. Que has dado demasiado a quién no se merecía  ni la mitad, y que sigues queriendo a bocajarro aunque te haga daño.
Que aún arriesgas por los casos perdidos, abrazas el amanecer con chupitos, y te fundes en los brazos de quién es abrigo.
Que aún somos niños, que luchan por su lugar en cada sitio al que van, que buscan sin rumbo, que sonríen al mar, y son océano en medio de la ciudad. Que tenemos un corazón ya viejo de tantas personas a las que hemos querido, pero tan joven que pasa las penas bailando mientras corremos por los sueños que aún no hemos sido.

Después de darnos cuenta que solo madrugamos 52 lunes al año, que no solo las ocho semanas de verano pasan volando, y que ahora noventa días parecen cuatro, y en un año vivimos tanto como las siete vidas de un gato.
Que la vida no es llegar, irse o quedarse, es el camino que pasamos.

Y que después de todo lo que pensamos, tan solo somos lo que sentimos.
Que solo tenemos la vida, que es tan fuerte para mantenernos despiertos, pero tan volátil como un sueño cuando dejas de estar dormido.

Y al final, solo nos queda mañana, noche, pero nunca tiempo. Siempre se acaba.
Y antes de que sea demasiado tarde, aprendemos a ser.
Porque ser, es quererse para poder querer, valorarse para aprender a valorar, sonreír al mundo, y abrazar la vida.
Ser, es tan grande como seas capaz de valorar cada pequeño detalle.

Y así, pasa el tiempo.

Y ser es solo el principio, de ser eternos.

Porque somos infinitos, en el tiempo que vivimos.




Con muchísimo amor para todos los valientes,
Silvia Soñadora



La resiliencia de una montaña rusa

8.10.17

Nos acostumbramos a pensar que la vida nos sonríe solo cuando todo va bien. Y que todo lo bonito es bueno, que es lo que debemos buscar.
Pero las apariencias engañan, y también las sonrisas.

Hace tiempo que no tengo miedo, no le temo al tiempo, ni a los problemas, no le tengo miedo a la tormenta y ya no me asustan los días grises.
Porque hay días grises, para todos y en cualquier parte. 
Y con esto quiero decir que no debemos esconderlos, avergonzarnos o hundirnos por ellos. No son un delito en el camino a una vida bonita. 

Lo bonito del camino son las curvas, los baches, los giros inesperados, las salidas del carril, los aumentos de velocidad, soltar los frenos y dejar el volante... 
Lo bonito es lo que te hace vivir, lo que te enseña, lo que te cambia y te hace avanzar.

Y precisamente, son esos días que se hacen cuesta arriba, sea por el motivo que sea, los que más que te enseñan, las experiencias con las que más aprendes.

Hoy en día parece que solo está bien compartir los momentos pletóricos, cuando la adrenalina se te sale por los poros y estás en una montaña rusa que no para de subir. 
Pero siendo realistas, la montaña siempre baja. Y también las bajadas se pueden compartir.

No como una queja, no como pesimismo, sino como todo lo contrario. Hablemos de todo lo que aprendemos de las tormentas que atravesamos, compartamos como las superamos, juntos o por nosotros mismos. Hablemos de nuestras debilidades como si fueran fortalezas, porque enfrentarlas nos hace fuertes.
Y aquí es donde nos damos cuenta de que todo eso que cuesta más, todo lo que tenemos que superar, los días grises, las lágrimas... también nos hacen felices.


Que derrumbarse no es ninguna debilidad, es la fuerza que nos da levantarnos después de la caída. Que ningún día gris será un túnel sin salida, porque cuando vuelvas a abrir los ojos podrás hacer tu día del color que elijas.

Sé que esperan que solo contemos los momentos de alegría, pero es de valientes contar también lo bonito que es el gris. Cuanto extrañas un abrazo de buenos días, como tu cabeza a veces vuela de vuelta, como echas tanto de menos a personas algunos días, o como una canción es capaz de sacar todo lo que llevas dentro.

Pero nunca olvidemos que los valientes somos resiliencia, que ningún día gris hará negro el arcoiris entero.

Que bonito se siente cuando vuelves a subir, y cuando incluso estando abajo eres feliz. 
Que rápido sube, que rápido avanza, y pensar que nosotros avanzamos a su velocidad, te da ganas de comerte el mundo. Que rápido avanza, que rápido va, que la vida sigue y cambia, pero nunca frena. Tenemos la oportunidad de cambiar con ella, de crecer, de subir y subir, y bajar para volver a subir, de vivir.

Que las apariencias engañan. Lo bonito te enseña, te hace crecer, lo bonito avanza y no es lo fácil, es lo que cuesta lo que nos hace fuertes y nos hace vivir.

Que las lágrimas son vida, tanto como una sonrisa. Y la felicidad va por las dos vías.

Que somos una montaña rusa, que somos resiliencia, y una constante evolución. 
Y es a lo que se llama vida, y que bonita. 


P.D: Mañana voy a celebrar por primera vez en mi vida Acción de gracias, y quiero agradecer mi ahora, mi presente, mis oportunidades. Quiero agradecer las personas que me leen, las personas que forman mi hogar, las que están y son conmigo siempre. Os adoro.

Silvia Soñadora


Primeras veces, +30

30.9.17

Se ha acabado septiembre, lo que significa que llevo un mes viviendo aquí, los primeros treinta días, que se han esfumado tan rápido como si fueran tres.Va a ser verdad que diez meses pasan volando, que el tiempo aquí y en cualquier parte se nos escapa de las manos y tenemos que aprovechar cada segundo.

Sin duda, el mes de las primeras veces.

Rebobinando a unas semanas atrás, recuerdo los nervios del viaje, las interminables horas de avión, que llegaron a su fin, y el encuentro con las familias. Llegué ilusionada y con un manojo de nervios por cuerpo, no sabía lo que estaba a punto de vivir. Me pasé el viaje con la sensación de un niño que se va de campamentos quince días, pero al despertarme la mañana siguiente fui plenamente consciente de donde estaba, y que conllevaba todo lo que llevaba meses imaginando en mi cabeza. Darme cuenta de todo esto, me provocó mil emociones en cuestión de minutos, pero la que destacaba era la felicidad.
Con todo ese amasijo de emociones también llegó el jet lag, y hasta nos hicimos amigos, porque se quedó conmigo un par de días. Con mi nuevo amigo y mi nueva familia, fui a hacer excursionismo por las montañas, y me encontré con paisajes que no podía dejar de fotografiar.

Vino el primer día de instituto, la primera vez en Downtown, la primera vez en un cine canadiense, el primer partido de hockey... y así un montón de veces más.
También en este mes he podido darme cuenta del peso que tiene la actitud con la que enfrentemos la vida, he aprendido a tomarme las cosas con calma y a controlar los agobios (cuando me perdí volviendo a casa por la noche por ejemplo), y que ser feliz es también un poco nostalgia al ver una foto, acordarte de alguien al escuchar una canción o sentirte unida a tu familia a pesar de los tropecientos kilómetros que os separan.

Con familia me refiero a todas las personas que forman parte imprescindible de mi vida, porque sin duda lo más importante que he aprendido aquí hasta el momento es a valorar, a valorar cada pequeño detalle y a no desvirtuarlo con etiquetas, a no limitar nada, a no frenar.
Y para mí, familia son todas las personas que me hacen feliz.

No soy capaz de asimilar que todo vaya tan rápido, hace un tiempo hubiera dicho que me daba miedo la velocidad que alcanzaba la vida, pero a día de hoy, no le temo a nada, porque eso sería ponerme límites a mi misma, cortarme las alas y me niego a frenar.
 La vida no para, no espera, solo avanza, y nosotros solo podemos seguirla el ritmo, disfrutarla a medida que pasa por nosotros, arriesgar sin reparos por todo lo que queramos y no rendirnos nunca.




Así que si sientes que la vida va demasiado rápido, acelera, píllala, y por dentro, saborea lento cada momento que te brinde.

Hace un mes que deje mi hogar, y ahora puedo decir que estoy en casa de nuevo.
En otro país, con otra gente, pero en casa de todas formas.
Si tuviera que describir este mes en una palabra, diría que ha sido felicidad. Miles de emociones, nuevas aventuras y sentimientos.
Cambios, de esos que te hacen aprender, que te hacen crecer.

Estoy en casa, aquí, pero aún y siempre, con cada uno de vosotros que formáis parte de mí.
Estoy lista para vivir.



You could be larger than life, bigger than the world...

Con mucho amor,
Silvia Soñadora