Bienvenid@


Querido soñador/a, bienvenid@
Soy Silvia Soñadora. Escribo para reflejar todo lo que mi alma quiere gritar. Un buen libro y un café. El ritmo de una canción. Sonrisas. Amor. Arte.
Esas pequeñas cosas que hacen esta vida tan bonita.
Dicen que escribir es el espejo del alma, así que las palabras aquí escritas serán mi reflejo.

Como parte de mis sueños, espero que disfrutes la lectura.

Cien (mil) sonrisas

9.12.17

Cien noches en cama desconocida, en una ciudad ya un poco más mía.

Y días. Más de tres meses en otro continente. Con otra gente, con menos miedo y más fuerza que nunca.
He aprendido más de la vida que en mis dieciséis años.

Cuando me decían que no volvería a ser la misma, que el choque emocional y personal de esta experiencia te rompía los esquemas, pensaba que estaban exagerando. Ahora creo que se quedaban cortos.
Con cambiar no quiero decir que os encontréis con otra Silvia al salir del aeropuerto, porque seguiré siendo risa, yo, aunque distinta. 
El cambio está dentro de mí, en como reacciona mi cabeza, como responde mi cuerpo, y en mi capacidad de sobreponerme a las situaciones.
Está en mi manera de vivir, de ver la vida, de disfrutarla... 

He aprendido a valorar como jamás hubiera aprendido en otro sitio, a saber dar importancia a quién de verdad la merece, y apreciar a los que me aportan. He aprendido a aceptar que hay personas que se van, que todo puede cambiar.
Sin duda he aprendido lo que es avanzar. Y a no quedarme en el bache, a evolucionar.

He aprendido a ser independiente, a respirar cuando me falta el aire, y aunque suene extraño a mirar, y ver. La cantidad de cosas que me he perdido todo este tiempo por no saber ver.

He aprendido que todo se puede aprender. Que la resiliencia es un compañero de vida, y la felicidad es mi camino. Que el tiempo es finito y va muy rápido, por eso hay que aprovecharlo siempre.

He aprendido que tengo que cuidarme a mí misma, dedicarme tiempo y apostar por lo que me diga el corazón aunque vaya de boca a un precipicio. Que si siempre he sido decidida, ahora me siento imparable, porque sé arriesgar sin miedo, y aunque me caiga, levantarme.

He aprendido mucho de mí misma, de lo que soy capaz y de como soy. He aprendido a escribir en el transporte público, y ahora me da la vida. He aprendido a usar cascos más de quince minutos seguidos y puedo decir que las calles son más bonitas con melodía.

Son pequeñas cosas, esas que parecen tonterías. Justo esas que he aprendido a valorar aquí.

He ganado mucho. Empezando por los que ahora considero familia y que sé que van a formar parte de mi vida, la calgary squad. También los amigos que poco a poco, cada vez son más cercanos y que me enseñan la vida desde distintas partes del mundo.

He aprendido mucho, pero también me he reafirmado en muchas otras cosas. Como lo bonito que es el caos, la magia de improvisar, lo bien que sienta dejarse llevar, que nunca hay que dejar de luchar y que nunca es tarde para intentarlo. Que nunca y siempre nunca son verdad del todo pero siempre quedan mejor que decir a veces, que las medias tintas se borran enseguida y que a medio gas no se llega a ningún lado.
Que el miedo a sentir es una condena a ser infeliz y que vivir esta hecho para valientes.

Recuerdo que alguien al despedirse me dijo algo así como: Este va a ser el año de tu vida, la mejor experiencia que te vas a llevar en la mochila.
Cuánta razón tenía.

He aprendido a abrazar la distancia, y la verdadera magia de los abrazos. Que los mejores te quiero se dicen sin palabras, y que echar de menos no es para tanto. Porque ha llegado un punto en el que mi vida está más completa que nunca, o mejor dicho, yo lo estoy. Y me he dado cuenta de que compartir espacio físicamente no es lo más bonito que nos dan las personas, sino compartir momentos, palabras y un poco de nosotros, historias.

Hace un tiempo escribí:

Esta historia es tuya,
demuestra que quieres vivirla,
será la mejor forma de escribirla.

Y a día de hoy, creo que somos historias, las que vivimos, las que contamos. Y los valientes somos los que nos atrevemos a sentirlas.
Bienvenidos a mi historia.

Cien días que han volado, pero he volado con ellos, y ahora con las alas abiertas sigo escribiendo esta historia, sigo viviendo y aprendiendo, porque me quedan doscientos. Doscientos aquí, y miles ahí fuera.

Cien (mil) sonrisas en forma de vida. Y la magia sigue estando en lo que más cuesta.

Os mando muchísimo amor, muchísima fuerza y ganas de comernos el mundo.

Silvia Soñadora




Está dentro de ti

19.11.17

Tendemos a pensar a lo grande, olvidando la magia de las pequeñas cosas,
olvidando que unos segundos pueden cambiar tu vida para siempre.

Olvidando que nuestro tiempo es limitado, 
olvidando tantas cosas por dar importancia a unas pocas.

Tendemos a pensar que quedarse es lo correcto,
que las personas que se quedan mucho tiempo,
son las únicas capaces de aportarnos,
y a veces, de tanto que se quedan nos restan, 
y a veces, de tan rápido que se marchan nos marcan.

A veces noventa minutos son suficientes.

Porque todo está dentro, de ti, de mí. Solo tiene que llegar quién sepa desempolvar viejos diccionarios, quién nos abra los ojos, quién nos enseñe tanto en tan poco, que se quede para siempre aún cuando se vaya.

Entre tres mil miradas, el lunes trece me crucé con un ángel. Vestía de profesor, pero llevaba dentro una de las almas más bonitas con las que he tenido el placer de compartir espacio y tiempo.

Iba a enseñarnos biología, y sin embargo, me regaló una de las mejores lecciones de vida que me han dado.

Empezó diciendo que tenemos todo dentro de nosotros, y nos habló de Michael Jackson, un niño que creció entre algodones, con la fama casi servida en bandeja, y que a pesar de haber nacido en el cielo tenía el infierno dentro de él.
Después, mencionó a Nelson Mandela, un hombre que pasó años encerrado, viviendo penurias injustamente, un hombre que fue infravalorado enormemente, y que sin embargo, tras haber vivido en ese infierno tanto tiempo, lo único que tenía en su corazón era paz.
Su reflexión tras esta comparación fue que nosotros somos los que llevamos nuestra vida dentro, en nuestra actitud y nuestro corazón, que no importa cual sea nuestro entorno, siempre quedará por encima lo que llevamos en nuestro propio cuerpo.

Ese día empecé a mirarme de otra forma a mí misma, quiero ver que hay dentro de mí, que quiero que haya. No creo en el destino ni tampoco en las casualidades, creo que absolutamente todo depende de nosotros, de ti, de mí.

Creo que nuestras vidas las escribimos nosotros con lo que llevamos dentro, con lo que late nuestro corazón, con las miradas que se cruzan nuestras pupilas y que nos enseñan un poquito de mundo desde su punto de vista, con lo que las almas gritan y lo que las palabras significan, las emociones que nos rompen y nos crean, con el baile al ritmo de nuestras pisadas.

A veces, todo lo que tanto estás buscando, está justo en el centro de tu ombligo, al otro lado del espejo, esperando a que mires dentro. Porque siempre, todo, está dentro de ti.
¿Se nota que soy feliz? ¿Y que hace un frío de morirse?

Y tantas veces hacemos magia, cuando dejamos de ser cuerpos para ser almas.

Silvia Soñadora

Setenta y tres pasos hacia delante

12.11.17

¡Buenas tardes valientes!


Después de dos semanas sin publicar ya iba siendo hora de volver a pasarme por aquí y contaros un poco que es de mi vida al otro lado del charco, (viva por la expresión original donde las haya)


Aviso importante: Se viene una entrada bastante larga, así que si os disponéis a leerla os aconsejo que os preparéis un colacao con galletas, o un bocadillo de chorizo, vosotros que podéis.


Y estando todos preparados… empecemos.


El pasado martes fue Halloween, y puedo decir que lo disfruté como una enana. Fui disfrazada al instituto, y allí casi todos, incluyendo profesores (podríais aprender un poco profesores españoles), iban disfrazados. Por la tarde fui a hacer el famoso truco o trato que aparece en las películas americanas, y el ambiente en las calles me pareció tan mágico… Llegué a casa con una bolsa de chuches que te subía el azúcar solo de mirarla pero oye, es una forma curiosa de probar todos los dulces canadienses habidos y por haber…


La semana pasada también llegó el frío, más aún. Estuvimos una semana entera con la máxima por los -10 grados, sobra decir que yo iba con mi abrigo que me llega por debajo de las rodillas y una bufanda que me cubre media cara, mientras aquí la gente va con cazadoras finas o incluso en sudadera, pero oye no es asunto mío si ellos tienen la sangre congelada y pueden salir así a la calle sin morir de hipotermia.
El jueves nevó, nevó a lo grande, y el viernes, el sábado, hasta el domingo. Digamos que el viento era tan frío que te atravesaba entera, y digo esto siendo de Burgos.


El viernes, el día empezó un poco torcido. Yo fui a coger el bus como todas las mañanas, pero tras media hora esperando, el bus seguía sin aparecer, y fuimos viendo como el resto de chicos y chicas desistieron y se fueron. Es importante recalcar que estaba nevando y hacía -15 grados,  sensación térmica de -23.
Al final nos llevaron en coche los padres de una amiga, y como era de esperar llegamos tarde, como la mitad de mi instituto porque había atasco en toda la ciudad. Después de esta pequeña anécdota del “otoño” canadiense, el día fue bien, y como siempre hay que quedarse con lo bueno, puedo decir que por fin vi los famosos ciervos de Canadá, cuando iba en el coche había dos corriendo por una montaña.
Ese fin de semana lo pase en casa, y más a gusto que un arbusto (va por ti, mamá)


                                          

   

                                                    
A día de hoy sigue habiendo nieve por toda la calle, sigo llevando mis botas y cambiándome a zapatillas en cada lugar al que voy, sigo yendo modo esquimal cada vez que asomo la nariz al congelador que se hace llamar calle, y bueno creo que será esa mi rutina hasta mayo, porque sí, aquí el invierno dura SEIS MESES.


Como os dije en una de las primeras entradas, esto es un continuo “es mi primera vez”, incluso después de más de setenta días aquí.


Y ahora es cuando os cuento lo rápido que se me va todo, y sé que puede sonar repetitivo y cansino, pero de verdad, la velocidad del tiempo aquí da vértigo, como cuando me doy cuenta de que este es mi tercer mes, que en una semana me toca pagar otra vez la factura del móvil y parece que la pague anteayer… o mismamente cuando veo la decoración navideña por todos lados y te das cuenta de que en mes y medio es 2018.




Los que me conocéis sabéis que no sería yo, sin una parte profunda, la ya típica reflexión (o reflexiones)


Tengo tantas cosas que quiero compartir que no sé muy bien que contaros primero. Estoy aprendiendo en todos los sentidos a niveles estratosféricos, pero sin duda a nivel personal es como más.


Cuando vine yo creía que era independiente, y aquí me he dado cuenta de que inconscientemente nos acomodamos a que nos resuelvan cada pequeño percance que se sale de nuestro conocimiento, quiero decir, se nos rompe algo y nos falta tiempo para llamar a alguien, o hablo por mí. Yo lo hacía. Y aquí, sin embargo, busco la manera de solucionarlo por mí misma antes, y por fin he aprendido a controlar un poco más el agobio, ese bicho malo que entra por el cuerpo cuando cualquier mínima tontería cambia un poco el transcurso de tu vida.





Hablemos de la ‘zona de confort’, sinceramente yo nunca le daba importancia a esa frase de salir de tu zona de confort, qué ilusa. La famosa “zona” es tener a tu madre recordándote que hagas no sé qué, tener a tu padre para que te arregle el collar que se te ha roto, a tu hermana para una charla de esas que liberan, a tu mejor amigo para cualquier plan improvisado, o a tu mejor amiga para una tarde de esas de perder el tiempo estando juntas, tener a toda esa gente que nos calma, nos escucha, nos abraza… tu rutina, tu sofá…
La zona de confort es real, y salir de ella es la manera de crecer. De superarte, y necesitarte a ti. De aprender a valorarte, y a valorar


A día de hoy, valoro cualquier detalle de una manera en la que nunca habría imaginado, una sonrisa, una palabra bonita, un hola inesperado, cualquier cosa de verdad… puede hacerte el día. Y mucho más allá, valoro a toda la gente que está ahí, los consejos que antes me sacaban de quicio… todo, valoro todo un millón de veces más que antes.  


También pienso mucho más antes de hablar o actuar. Siempre he odiado juzgar a la gente porque creo que cada uno lleva mil batallas por dentro y no somos quién para hablar de lo que cada uno hace o siente, o es. Pues adivinad qué, aquí aún más.


Siempre he sido muy sensible, la chica de las mil emociones y que se guarda todo para ella, y os contaré un secreto, la mayoría de personas importantes en mi vida no saben ni un décima parte de lo que he pasado, lo que he sentido… pues aquí esas emociones descontroladas se multiplican por tropecientos mil, y por fin estoy aprendiendo a gestionarlas un poco mejor, un poco.


Me quedan muchas cosas que decir, que contar, que compartir… y por supuesto que seguir aprendiendo, pero también nos queda tiempo, solo que va con el turbo a mil.


Gracias si has leído hasta aquí, y gracias a todos los que formáis parte de mi vida.
Solo quiero recordaros que soy feliz, que estoy cambiando mucho por dentro, muchísimo. Y que siempre hay algo bueno, si abres bien los ojos, y el corazón, siempre habrá algo de color, algo que valorar porque está ahí para ti.


La felicidad es el camino, la actitud, es momentos, y eres tú. Solamente tú.

Os mando un abrazo muy fuerte, de esos que tanto me faltan aquí, y mucho amor.






P.D: Nunca dejéis de soñar, y jamás dejéis de luchar
Silvia Soñadora

Infinitos

22.10.17

Yo era de las que siempre decía que no me gustaban las despedidas, y ahora me doy cuenta de que lo verdaderamente jodido es no poder decir adiós, irse sin despedirse, que todo se acabe sin que tú hayas tenido suficiente.

Maldita nuestra manía de eternizar el tiempo, de vivir creyendo en la infinitud de los momentos. Ya no sé si es de gilipollas o de bohemios.
Intento buscar la manera de ser consecuente, pero solo sé que estamos locos por pasar por tantos lugares estando quietos, y demasiado cuerdos por no volar más alto aunque nos estrellemos.
Que irónico querer y no poder, que un beso sea tan efímero como intenso.
Que perdamos por querer ganar. Acelerar para llegar, y pasarnos de vueltas.

Que seamos tanto y al mismo tiempo tan poco. Que el miedo nos gane tantas veces, aún sabiendo que solo nos estamos frenando. Llegamos sin saber si correr, o volar, si parar o coger el tren sin pensar.

Un día abres los ojos y ves que has estado a oscuras todo este tiempo. Que has dado demasiado a quién no se merecía  ni la mitad, y que sigues queriendo a bocajarro aunque te haga daño.
Que aún arriesgas por los casos perdidos, abrazas el amanecer con chupitos, y te fundes en los brazos de quién es abrigo.
Que aún somos niños, que luchan por su lugar en cada sitio al que van, que buscan sin rumbo, que sonríen al mar, y son océano en medio de la ciudad. Que tenemos un corazón ya viejo de tantas personas a las que hemos querido, pero tan joven que pasa las penas bailando mientras corremos por los sueños que aún no hemos sido.

Después de darnos cuenta que solo madrugamos 52 lunes al año, que no solo las ocho semanas de verano pasan volando, y que ahora noventa días parecen cuatro, y en un año vivimos tanto como las siete vidas de un gato.
Que la vida no es llegar, irse o quedarse, es el camino que pasamos.

Y que después de todo lo que pensamos, tan solo somos lo que sentimos.
Que solo tenemos la vida, que es tan fuerte para mantenernos despiertos, pero tan volátil como un sueño cuando dejas de estar dormido.

Y al final, solo nos queda mañana, noche, pero nunca tiempo. Siempre se acaba.
Y antes de que sea demasiado tarde, aprendemos a ser.
Porque ser, es quererse para poder querer, valorarse para aprender a valorar, sonreír al mundo, y abrazar la vida.
Ser, es tan grande como seas capaz de valorar cada pequeño detalle.

Y así, pasa el tiempo.

Y ser es solo el principio, de ser eternos.

Porque somos infinitos, en el tiempo que vivimos.




Con muchísimo amor para todos los valientes,
Silvia Soñadora



La resiliencia de una montaña rusa

8.10.17

Nos acostumbramos a pensar que la vida nos sonríe solo cuando todo va bien. Y que todo lo bonito es bueno, que es lo que debemos buscar.
Pero las apariencias engañan, y también las sonrisas.

Hace tiempo que no tengo miedo, no le temo al tiempo, ni a los problemas, no le tengo miedo a la tormenta y ya no me asustan los días grises.
Porque hay días grises, para todos y en cualquier parte. 
Y con esto quiero decir que no debemos esconderlos, avergonzarnos o hundirnos por ellos. No son un delito en el camino a una vida bonita. 

Lo bonito del camino son las curvas, los baches, los giros inesperados, las salidas del carril, los aumentos de velocidad, soltar los frenos y dejar el volante... 
Lo bonito es lo que te hace vivir, lo que te enseña, lo que te cambia y te hace avanzar.

Y precisamente, son esos días que se hacen cuesta arriba, sea por el motivo que sea, los que más que te enseñan, las experiencias con las que más aprendes.

Hoy en día parece que solo está bien compartir los momentos pletóricos, cuando la adrenalina se te sale por los poros y estás en una montaña rusa que no para de subir. 
Pero siendo realistas, la montaña siempre baja. Y también las bajadas se pueden compartir.

No como una queja, no como pesimismo, sino como todo lo contrario. Hablemos de todo lo que aprendemos de las tormentas que atravesamos, compartamos como las superamos, juntos o por nosotros mismos. Hablemos de nuestras debilidades como si fueran fortalezas, porque enfrentarlas nos hace fuertes.
Y aquí es donde nos damos cuenta de que todo eso que cuesta más, todo lo que tenemos que superar, los días grises, las lágrimas... también nos hacen felices.


Que derrumbarse no es ninguna debilidad, es la fuerza que nos da levantarnos después de la caída. Que ningún día gris será un túnel sin salida, porque cuando vuelvas a abrir los ojos podrás hacer tu día del color que elijas.

Sé que esperan que solo contemos los momentos de alegría, pero es de valientes contar también lo bonito que es el gris. Cuanto extrañas un abrazo de buenos días, como tu cabeza a veces vuela de vuelta, como echas tanto de menos a personas algunos días, o como una canción es capaz de sacar todo lo que llevas dentro.

Pero nunca olvidemos que los valientes somos resiliencia, que ningún día gris hará negro el arcoiris entero.

Que bonito se siente cuando vuelves a subir, y cuando incluso estando abajo eres feliz. 
Que rápido sube, que rápido avanza, y pensar que nosotros avanzamos a su velocidad, te da ganas de comerte el mundo. Que rápido avanza, que rápido va, que la vida sigue y cambia, pero nunca frena. Tenemos la oportunidad de cambiar con ella, de crecer, de subir y subir, y bajar para volver a subir, de vivir.

Que las apariencias engañan. Lo bonito te enseña, te hace crecer, lo bonito avanza y no es lo fácil, es lo que cuesta lo que nos hace fuertes y nos hace vivir.

Que las lágrimas son vida, tanto como una sonrisa. Y la felicidad va por las dos vías.

Que somos una montaña rusa, que somos resiliencia, y una constante evolución. 
Y es a lo que se llama vida, y que bonita. 


P.D: Mañana voy a celebrar por primera vez en mi vida Acción de gracias, y quiero agradecer mi ahora, mi presente, mis oportunidades. Quiero agradecer las personas que me leen, las personas que forman mi hogar, las que están y son conmigo siempre. Os adoro.

Silvia Soñadora


Primeras veces, +30

30.9.17

Se ha acabado septiembre, lo que significa que llevo un mes viviendo aquí, los primeros treinta días, que se han esfumado tan rápido como si fueran tres.Va a ser verdad que diez meses pasan volando, que el tiempo aquí y en cualquier parte se nos escapa de las manos y tenemos que aprovechar cada segundo.

Sin duda, el mes de las primeras veces.

Rebobinando a unas semanas atrás, recuerdo los nervios del viaje, las interminables horas de avión, que llegaron a su fin, y el encuentro con las familias. Llegué ilusionada y con un manojo de nervios por cuerpo, no sabía lo que estaba a punto de vivir. Me pasé el viaje con la sensación de un niño que se va de campamentos quince días, pero al despertarme la mañana siguiente fui plenamente consciente de donde estaba, y que conllevaba todo lo que llevaba meses imaginando en mi cabeza. Darme cuenta de todo esto, me provocó mil emociones en cuestión de minutos, pero la que destacaba era la felicidad.
Con todo ese amasijo de emociones también llegó el jet lag, y hasta nos hicimos amigos, porque se quedó conmigo un par de días. Con mi nuevo amigo y mi nueva familia, fui a hacer excursionismo por las montañas, y me encontré con paisajes que no podía dejar de fotografiar.

Vino el primer día de instituto, la primera vez en Downtown, la primera vez en un cine canadiense, el primer partido de hockey... y así un montón de veces más.
También en este mes he podido darme cuenta del peso que tiene la actitud con la que enfrentemos la vida, he aprendido a tomarme las cosas con calma y a controlar los agobios (cuando me perdí volviendo a casa por la noche por ejemplo), y que ser feliz es también un poco nostalgia al ver una foto, acordarte de alguien al escuchar una canción o sentirte unida a tu familia a pesar de los tropecientos kilómetros que os separan.

Con familia me refiero a todas las personas que forman parte imprescindible de mi vida, porque sin duda lo más importante que he aprendido aquí hasta el momento es a valorar, a valorar cada pequeño detalle y a no desvirtuarlo con etiquetas, a no limitar nada, a no frenar.
Y para mí, familia son todas las personas que me hacen feliz.

No soy capaz de asimilar que todo vaya tan rápido, hace un tiempo hubiera dicho que me daba miedo la velocidad que alcanzaba la vida, pero a día de hoy, no le temo a nada, porque eso sería ponerme límites a mi misma, cortarme las alas y me niego a frenar.
 La vida no para, no espera, solo avanza, y nosotros solo podemos seguirla el ritmo, disfrutarla a medida que pasa por nosotros, arriesgar sin reparos por todo lo que queramos y no rendirnos nunca.




Así que si sientes que la vida va demasiado rápido, acelera, píllala, y por dentro, saborea lento cada momento que te brinde.

Hace un mes que deje mi hogar, y ahora puedo decir que estoy en casa de nuevo.
En otro país, con otra gente, pero en casa de todas formas.
Si tuviera que describir este mes en una palabra, diría que ha sido felicidad. Miles de emociones, nuevas aventuras y sentimientos.
Cambios, de esos que te hacen aprender, que te hacen crecer.

Estoy en casa, aquí, pero aún y siempre, con cada uno de vosotros que formáis parte de mí.
Estoy lista para vivir.



You could be larger than life, bigger than the world...

Con mucho amor,
Silvia Soñadora





Inefable felicidad

23.9.17

Hace tiempo decidí que sería feliz.
Que yo ya no buscaba la felicidad, la construía.

Porque no consiste en tener, en adquirir, conseguir o llegar.
Sino en valorar, y sentir, en querer, luchar y vivir.

No es algo material ni mucho menos algo superficial.
Es personal, íntimo y vital.
No es un destino, sino un camino.

No es una etapa, una fecha señalada o un objetivo en mi lista de sueños.
Es un día a día, rutina, salirse de las líneas, sonrisas, cafés o poesía. Es un tren, y muchos, correr tras ellos, alcanzarlos y a veces perderlos, porque quizá no estaban hechos para ti. Es perder todo aquello que no te hace falta, y ganar mucho más de lo crees que hay para ti. Es aprender, y equivocarte, es acertar.

Es andar, bailar, ver las estrellas, las calles, tu hogar y las personas que lo forman.
Es todo lo de fuera, lo que no es tuyo, y de repente empieza a serlo.

Es todo lo que somos, los momentos que vivimos y los lugares que hacemos nuestros.
Es salir y quedarse, no correr demasiado pero nunca parar.

Es cada segundo, cada día y cada sueño, todos ellos, cada pasión y cada sentimiento.
Es llorar y sonreír, enfadarse y perdonar.
Es todo corazón.

La felicidad es ser valiente. Es ser elocuente y loco. Efímero y eterno al mismo tiempo. Es recordar, pero guardar en ti.
Es una vida.


Hace tiempo decidí que la vida era para ser feliz, que nada me lo iba a impedir.
Que no iba a buscar la felicidad, que la estaba construyendo cada segundo de mi vida.

Desde ese día soy feliz.
Cumplo sueños, arriesgo, lucho y a veces pierdo. Pero incluso esas veces, salgo ganando en la felicidad de haber vivido cada segundo que tengo como único que es.

Y con la felicidad al alcance de mi misma a cada momento, he descubierto que es algo indefinible, aunque acabe de intentarlo.

Es inefable, algo indescriptible y que reside fuera del alcance de una explicación.

Y al mismo tiempo que la felicidad es inefable, lo inefable es felicidad.

Ese día decidí que la felicidad es mi camino, y hoy, mi vida empieza a ser inefable.


Una vez más, nunca dejéis de soñar, no paréis de luchar.
Hasta muy pronto valientes
.
Silvia Soñadora

Carta a mí misma (dentro de 10 meses)

11.9.17

Querida yo,

Para ser sincera no tengo ni la menor idea de como empezar esta carta. Solo sé que quiero escribirla, contarte mis sentimientos y lo que espero de esta aventura que tú acabas de vivir. Tengo la sensación de que sé muy poco de ti, que aunque seamos la misma persona, también eres otra.

No quiero anticiparme a los acontecimientos y enumerarte momentos que espero, quiero vivirlos y sorprenderme. No sé que me augura este año, pero estoy segura de que será especial.
Y no hablo de los 8000 km de independencia que voy a ganar en 12 horas de vuelo, ni de que este sueño sea por fin mi realidad, ni siquiera hablo de todas las personas que voy a conocer y los momentos que voy a vivir, que no por eso dejan de ser importantes.

Pero yo hablo de nosotras dos. Es nuestro año para reinventarnos y evolucionar. Avanzar en el terreno personal, no solo en el temporal, ya que eso es inevitable.
Es el momento de aprender a quererme más, a valorarme y a valorar, aprender millones de cosas, y reafirmarme en mi idea de nunca dejar de luchar (ni de soñar)


Espero volver con mil ideas más en la mochila, más sueños, más metas, objetivos cumplidos, y personas increíbles.
Espero volver con millones de momentos y experiencias inolvidables.

Sé que no va a ser el año más sencillo, pero sí será uno de los mejores, sino el mejor.
Echaré de menos, lloraré alguna vez, pero aprenderemos a sobreponernos a todo eso juntas, y vamos a disfrutar como nunca antes. Vamos a vivir.

Querida yo, espero mucho de ti, espero que seas otra sin dejar de ser la misma. 


Una de las razones que me ha impulsado a escribir esta carta es la creación de un vínculo entre todo lo que eras y querías escribiendo esta carta, y lo que eres leyéndola. Tu filosofía de vida, tus principios, tus motivaciones y objetivos, tu forma de pensar y en general, tu punto de vista frente a aspectos varios de la vida cotidiana.
Espero que todas las miradas con las que has podido conectar hayan compartido contigo un poco de su forma de ver el mundo, espero que estés orgullosa de cada segundo de estos diez meses, y que vengas preparada para mil aventuras más.

Sé que vas a ser muy feliz, que lo has sido estos diez meses, y que seguirás siendo una risa constante, puñados de ilusión, y ganas imparables de vivir.

Por último, quiero dejarte una frase que estoy segura habrá sido importante para ti, por si no te acuerdas se la debemos al calendario de la casa de la abuela.

"Nuestro destino nunca es un lugar, sino una nueva forma de ver las cosas."

Espero que me escribas pronto, me muero de ganas por saber de ti.
Te quiero, aunque estoy segura de que tú me querrás mucho más.


P.D: Nunca dejes de luchar, la felicidad es el camino, no la meta.

Silvia Soñadora




¡Esto es solo el comienzo!

4.9.17

¡Buenas tardes valientes! (Buenos días para mí jeje)

La espera ha terminado, os escribo desde mi nueva habitación en Calgary. Este es mi cuarto día aquí y parece mentira que en tan poco tiempo tenga ya tanto que contaros.

Empecemos por lo más fácil, ya iremos más tarde a lo profundo.

La familia es absolutamente encantadora, y tengo la extraña sensación, quizá también acelerada de home, sweet home (hogar, dulce hogar) Nunca pensé que tan rápido iba a sentirme tan cómoda, puedo hablar con ellos de cualquier tema y pasar tiempo juntos estando muy a gusto.

El sábado fuimos a la montaña con otras dos familias, y ayer por la tarde fuimos en canoa por el río, ambos días el paisaje era muy bonito, aquí hay montones de parques naturales, lagos y lugares idilícos.





Y llegó lo profundo...

Siendo sincera, no fui consciente de lo que suponía irse hasta el sábado por la mañana. Es decir, todo lo que conlleva irse un año fuera de casa. Me di cuenta de que todas esas despedidas eran reales, que mis lágrimas tenían más peso del que yo pensaba, porque aunque mi mente no lo supiera, mi corazón sabía lo que hacía. 
También, interioricé, que esto no eran unas vacaciones de dos semanas, sensación que tenía en el avión, sino que de verdad es una nueva vida. Que mi vida ha cambiado en un giro de 180º.

Darme cuenta de todo esto solo me ha hecho más feliz de lo que ya estaba, veo que mi aventura comienza, que todo tiene sentido después de nueve meses de trámites, consejos y ganas. Que esto ya no es solo un sueño. 
Tengo diez meses para experimentar, vivir aventuras, conocer gente, disfrutar, aprender... y cambiar...

De repente, también comprendí lo que es alejarse 8000 km de los tuyos, y lo que de verdad iban a significar todos los "Te voy a echar de menos" que he pronunciado y escuchado en los últimos meses, al mismo tiempo que entendí que la distancia no es ningún obstáculo, y que a pesar de que nos falten abrazos de vez en cuando y que odiemos los km que nos separan algunas veces, vamos a seguir unidos y juntos.

Por último, me gustaría compartir una pequeña reflexión que hice ayer, ¿habéis sentido alguna vez vergüenza ajena? Estoy casi segura de que sí, es más, puede que hasta hayáis pensado en un momento concreto.
Yo lo he sentido mil veces, y simplemente me he dado cuenta de lo estúpido que es, tanto si es ajena como si es por ti mismo. 
Si te avergüenzas, estas dándole poder sobre tu vida a lo que piensen los demás, estás dejando de disfrutar, frenando tus oportunidades... e incluso frenando las de los que te acompañan.

Y esta es mi conclusión, la vergüenza es inútil, solo nos hace esclavos de la opinión del resto, de sus miradas y reacciones. Así que, ¡disfruta!, haz el tonto si te apetece, deja que tus amigos y tu familia lo hagan, y en lugar de avergonzarte, ¡únete a ellos! 
Yo he cometido el error de avergonzarme por cualquiera que estuviera conmigo montones de veces, y ahora estoy convencida de que no merece la pena.

Aunque suene precipitado, esto ya está cambiando...
La felicidad es el camino, no la meta.

Como digo siempre...nunca dejéis de soñar, no paréis de luchar.
Hasta muy pronto valientes.

Silvia Soñadora

La cuenta atrás ha empezado

22.8.17

Solo me quedan 8 días en España, aún recuerdo cuando hablaba con un amasijo de risas, ilusión y ganas de que quedaban 5 meses, 4, 100 días, el verano, un mes... entonces me parecía muy lejano pero la verdad es que no lo era. De hecho ya ha llegado, me queda apenas una semana.

Estos días la pregunta estrella es si estoy nerviosa, y aparentemente no, de vez en cuando se cuelan un par de nervios en mi estómago cuando pienso en lo que supone marcharme, pero apenas unos pocos.

Puede parecer absurdo decir que me tengo que parar a pensarlo, pero realmente no soy consciente aún de lo que esto conlleva, de lo que es irse. Siempre he pensado que estas cosas te llegan de golpe, pasas meses pensando en ello, pero de repente cuando te ves allí, allí de verdad pareces darte cuenta de todo y entonces sabes que has hecho un cambio importante en tu vida.
Por eso, no estoy nerviosa. 
Y no me da pena ni miedo. 
Tengo ganas, emoción, ilusión... ¡no me creo que ya solo falten 8 días para que todo comience!


Durante estos últimos 4 días he estado pensando en lo rápido que va y viene todo. Recuerdo que el 27 de enero, día en que salieron las listas definitivas con los becados seleccionados, descargué una aplicación de cuenta atrás en mi móvil. 
Desde ese día he ido viendo como pasaban números de tres cifras, dos, y ahora solo de una. También he visto como pasaban fiestas, momentos muy esperados, planes increíbles, viajes, y recientemente como pasa el verano que está ya en sus últimos aleteos. 

Me he dado cuenta de que vivimos la vida esperando, esperando a que llegue el sábado para esa cena con amigos, a que llegue febrero para la fiesta de carnaval, a que se acaben los exámenes, lleguen navidades, el verano... y un largo etcétera infinito de momentos, que deseamos que lleguen pronto, pero nos olvidamos de que se van aún más rápido de lo que vienen.
Olvidamos que antes del sábado está un maravilloso viernes, antes de la navidad un bonito noviembre con planes inesperados y entre medias de todos esos momentos que nos pasamos la vida esperando, muchos otros igual o más especiales.
Nos olvidamos de vivir el día a día, de disfrutar todas las pequeñas cosas y no solo aquellos grandes capítulos que parecen dirigir nuestras vidas pero solo nos hacen perdernos muchos detalles de lunes, días de abril y noches de invierno que pueden hacernos muy felices.

Se oye mucho eso de que la vida son dos días y que por eso hay que vivirla al límite, pero la verdad es que pueden ser dos, cien, quinientos o tres millones, pero cada día que tengamos merece la pena vivirlo, y disfrutarlo porque sean los que sean que tengamos van y vienen demasiado rápido como para perderles esperando.
Hace unos meses escribí esta frase sin saber lo que de verdad iba a significar: 

De tanta prisa por llegar, no avanzamos
De tanto buscar la felicidad, la frenamos.

A día de hoy estoy convencida de que lo mejor siempre llega sin que lo tengas planeado, como la fiesta sorpresa que mi familia organizó el viernes.
Esta fiesta llevaba en la cabeza de mi madre desde Marzo, y tanto mi familia como mis amigos estaban involucrados. 
Evidentemente yo no me esperaba nada, estaba en mi pueblo con mis amigas (mientras todas las personas del pueblo lo sabían todo) viendo una serie, cuando mi prima, cómplice estrella de mi madre, me llevo a casa para hacer no sé que cosas, y nada más llegar aparecieron mis amigos por la puerta, ¡yo estaba flipando!

Un rato más tarde llegó otra amiga, segunda sorpresa. Durante la tarde me enteré de que mis amigos se quedaban a dormir, yo no dejaba de alucinar.
A las 9 más o menos fuimos a casa a cenar, y me encontré con un cenador lleno de comida, pizzas, tortilla, gominolas, nutella... carteles con mensajes bonitos, globos... y yo no podía creérmelo ¡las sorpresas no paraban! (Gracias papá por montarlo todo a toda prisa, después de ir a recoger a mis amigos en secreto, y gracias también Montse y Paco por ayudar con los preparativos)
Fue una noche perfecta, vimos las estrellas, jugamos a juegos, fuimos a un pueblo cercano, vimos el amanecer, hablamos y reímos muchísimo... (sobra decir que no dormimos)



Fue una de las noches más especiales y bonitas de mi vida que recordaré siempre, con algunos regalos realmente especiales y tambíén con una de las primeras despedidas reales, con mi mejor amigo, al resto los veré de nuevo antes de irme.
Por eso, quiero daros las gracias a todos los que hicisteis posible ese día en el que fui muy feliz, pero sobretodo a mi madre, artífice de todo y lo mejor de mi vida, y a mi hermana, quién a pesar de no haber estado, estuvo conmigo.

Lo mejor llega cuando menos te lo esperas, y a veces esperarlo, sin dejar de vivir, es increíble.

La cuenta atrás ha empezado: 10, 9, 8...


Nunca dejéis de soñar, no paréis de luchar.
Hasta muy pronto valientes.

Silvia Soñadora


Los sueños se cumplen

3.7.17

Los sueños se cumplen. Son mucho más que ilusiones o propiamente sueños, son metas y objetivos.
Son metas de vida, "life goals" como diríamos en inglés. Y llevan tiempo, sacrificio, esfuerzo, ganas, muchísimas ganas, ilusión, fuerza de voluntad... Los sueños llevan magia dentro, que hace que luchemos por ellos, que nos dejemos la piel, y sobre todo que todo lo que hacemos por ellos merezca mucho más que la pena.

Llevo un tiempo pensando en si debería compartir esta nueva aventura en este blog, ya que desde que lo empecé no lo he enfocado a temas personales, pero creo que hay historias que merecen ser contadas, y sobre todo creo que no hay algo que reivindique mejor lo que llevo tanto tiempo defendiendo como esta nueva aventura: un sueño cumplido tras mucho tiempo, un sueño para valientes.

Y qué es una historia si no se cuenta, qué es una aventura si no se comparte con valientes.

Si habéis llegado hasta aquí os estaréis preguntando de qué aventura hablo, de qué sueño:

Soy una de los 500 becados por la Fundación Amancio Ortega para estudiar un año en Canadá.

Esto significa que me voy exactamente a 7649 km de mi casa, de mi ciudad, mi familia y mis amigos durante 10 meses para empezar una nueva vida. 
Me voy a otro país, donde conoceré a otros amigos, encontraré una nueva familia y un nuevo hogar, me envolveré en otra cultura, otras costumbres, y otra gente, donde viviré miles de momentos únicos y aprenderé muchísimo.
Me voy, dos palabras que arrastran consigo el mayor cambio de mi vida, toneladas de ilusión y ganas por este nuevo comienzo que lleva tanto tiempo en mi corazón.

Esto comenzó el día 26 de Noviembre de 2016 en Madrid, cuando hice el primer examen, aunque fue incluso antes el día que mi tutora nos habló sobre estas becas, y yo supe que esta era mi oportunidad, y tras una solicitud por Internet, algún que otro imprevisto, un examen, la preselección, una entrevista por skype y sus consecuentes nervios, la lista definitiva, un día de locos, el mejor cumpleaños de mi vida, un fin de semana de orientación donde conocí a gente increíble que compartiría esta aventura conmigo, estoy aquí. 
Estoy a 59 días de que todo lo que llevo soñando y desde hace meses empezando a vivir, sea al fin mi realidad, mi vida.

Quiero compartir todo esto con vosotros porque ya es parte de mi vida, porque me va a inspirar, porque es una forma de ser valientes juntos, de soñar, de reivindicar que si quieres algo nunca hay que dejar de luchar, que a veces estamos provocando que se haga realidad inconscientemente, siendo nosotros mismos y manteniendo la ilusión. 
Esto solo acaba de empezar, acaba de empezar a cambiar.

Porque me voy pero voy a seguir aquí.
Voy a cambiar, pero seguiré siendo yo.
Voy a seguir soñando, luchando.
Voy a seguir contando historias.

Vamos a seguir siendo valientes.

Solo me queda decir que esta aventura es tan mía como vuestra, que un cambio solo augura historias nuevas, y para eso los valientes estamos más que preparados.

Gracias por esta oportunidad, por ser parte de mi sueño, ahora de mi vida, a la Fundación Amancio Ortega. Para los que estéis interesados en las becas, la web de la Fundación

Los sueños se cumplen, pero hay que luchar, hay que arriesgar, hay que ser valiente. 
Nadie va a cumplir tus sueños por ti. Son tuyos, ¡lucha por ellos!


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Nunca dejéis de soñar, no paréis de luchar.
Hasta muy pronto valientes.

Silvia Soñadora



Los cobardes siempre pierden

18.6.17

Algún día no estará más
cuando llegues
se habrá cansado de esperar
y te arrepentirás.

Por eso digo que la duda
 es la más jodida de todas.
A los cobardes como tú,
os rompe la armadura.

Solo los valientes son capaces de arriesgar
y dejarse la piel aunque eso suponga quedarse desnudos.

Son capaces de querer a tientas
Sin miedos, sin frenos.

Ellos siempre ganan
Aunque se acabe,
Siempre tendrán historia.

Pero dudar mi amor
Te hace perder,
Perderlo todo,
Y darte cuenta cuando ya está más que perdido,
y ya no puede ser tuyo.

Pocas personas nos hacen felices
y menos aún solo mirándonos.
Y todavía quedan panolis como tú,
que prefieren mirar a otra
cuando contigo les da vértigo.

Levántate joder,
mírame a los ojos
y dime que no te mueres por besarme.

Que lo de mentir también es un vicio de cobardes.

No voy a esperarte toda la vida,
Que quién te quiere no duda
Y quien lo hace,
Poco bien te mira.

Espero que cuando quieras arriesgarte
no sea demasiado tarde.
Que seguramente te voy a seguir queriendo
Pero quizá cuando llegues,
ya haya aprendido a quererme.

Y alguien que se quiere
no mendiga amor,
no espera a alguien que no sabe mirarla.

Alguien que se quiere
vive y se enamora,
Solo con y de valientes

Si no tardas mucho,
puede que aún nos quede historia.

Porque las historias se cuentan
solo entre valientes que se atreven a sentirlas.




                                                  Silvia Soñadora
Foto por @sc_photo08 (Instagram)

Ojalá se enamoren

11.6.17

El amor es magia, de la que nadie ha descubierto el truco.
Ni los magos, ni los que aman. Nadie ha sabido explicarlo o definirlo, pocos son los que han osado arriesgarse a intentarlo. Sin embargo, todos ellos, magos y espectadores, enamorados y amantes, todos hemos sido magia, de esa de la que tan poco sabemos y de la que tanto vivimos.

Todos hemos creado magia, sido magos y sacado conejos de chisteras, siendo la sonrisa de alguien que nos mira. Y al ser el conejo, nos convertimos en chispa, somos la llama que empieza a ser maga. Todos hemos sido música con nuestra risa y mares inundados con nuestras lágrimas.
Hemos llorado y hemos bailado sobre nuestro propio mar, para resbalarnos. Parando balas de fusiles, perdidos, con el sístole bien empuñado.
Desde niños hemos aprendido a creer, a creer en millones de cosas, en la magia. Aunque siempre habrá quien no cree, según dicen, se saben ya todos los trucos. Pero, el amor, el amar y ser amado, el enamorarse no cuenta con ningún truco que los mortales hayamos podido descifrar.
Ya nos hemos rendido a sus pies. Solo hemos llegado a sentirlo y sin embargo, ya nos ha sobrepasado.
Qué bonito eso de amar y cuán odiado es olvidar, ambos actos de valor incontrolables por la conciencia humana que son la causa de un corazón desenfrenado o quién sabe de qué. Esa es la verdadera magia, que algo ocurre, algo se acciona y y cambia todo sin que nadie pueda controlarlo, sin que ningún corazón quiera pararlo.

El éxtasis de la magia, ¡bendito amor!
Admirado, custodiado y anhelado,
tan mago y tan amado,
 tan físico, químico y emocional,
tan literario, y terrenal,
tan loco y apasionado,
tan mago y tan amor.

Que según nos han contado, la magia no existe, pero que intenten ellos dar otra explicación al amor. Que lo intenten, que no hay forma humana fuera del corazón de saber algo del amor.
Que se vuelvan locos, majaretas, y que se enamoren. Ojalá se enamoren, a ver si les sigue quedando coraje para intentar buscar la razón.
Ojalá pierdan el sentido por alguien, ojalá quieran querer, y solo sepan amar.
Ojalá, y que me digan entonces qué es el amor.

Que no es magia.
La magia es amor.

                 
                                                                                                          Foto por @sc_photo08

Nuca dejéis de soñar, no paréis de luchar.
Hasta pronto, valientes.

Mi Instagram: @silviacampomar
Fotos hechas por @sc_photo08


¿Qué es para ti la felicidad?

4.6.17

Mi felicidad es ella. - respondí mirando la margarita que bailaba entre mis dedos.

- ¿Quién es ella? - me preguntó intrigado.

Ella: el latido adyacente - Me miró confundido, así que proseguí - El corazón que lleva a mi lado toda la vida, que continúa conmigo a pesar de que nos separe un océano. La mujer salvavidas que me ha hecho ser, el abrazo que junta mis pedazos rotos y me da fuerza para comerme el mundo.

La persona que me ha enseñado a estar sin dejar de ser. A amar incondicionalmente. A luchar siempre. A soñar tan alto como mis deseos alcancen y no parar hasta hacerlos realidad. A ser valiente. La mujer que me llena solo con sonreír, con quererme, con ser y además ser conmigo.

Ella...

Mi felicidad...

También llamada mamá.


¿Qué es para vosotros la felicidad? Hasta pronto, valientes.
Silvia Soñadora 

P.D: Tengo una nueva cuenta de textos y frases en Instagram:  @silviacampomar ; podéis seguirme por allí si queréis.

Balas y puñales

15.5.17

Voy parando balas y puñales,
con la fuerza de un revolver 
que va pisando cristales.


Voy bailando, rota, entre cenizas
siendo fuego, para quemarlas todas


La mala suerte de ser valiente 
a veces te rompes. O te rompen. 
Que aún hechas polvo 
lo arriesgamos todo.


Me desgarro la garganta
en momentos sencillos 
y me deshago la piel en dar cariño.


La sonrisa es mi curva más constante,
la más natural,
y las pupilas se me hacen marea
siendo real, un tsunami emocional.


Soy impulsos incontrolables, 
atrevidos, incluso intolerantes 
latidos que buscan libertad.


Me entrego y amo mucho 
inocente de mí, 
pero siempre reiterada en el riesgo 
que supone darse al resto.

Alma liberal que lucha por ser libre 
marea verde que avanza a golpes creando fuerza invencible.


Y estando rota,
mientras suenas cristales 
y sabes a pena 
te vas volviendo de hierro.


Siendo valiente, 
vives momentos, eres personas 
amas lugares y sobre todo eres hogar.


Voy parando puñales y balas, 
bailando de madrugada 
comiéndome las ganas 
riendo y queriendo a bocanadas.




Nunca dejéis de soñar,  no paréis de luchar.
Hasta muy pronto valientes. 

Silvia Soñadora


¿Por qué no volvemos?

18.2.17

Te quise en enero, febrero, y octubre. Y aún te quiero después de doce campanadas, y atragantarme con tus besos.
Hace un tiempo que volvimos. Volvimos a hablar hace algunas noches y pocos días.
Ahora no dejo de pensar en ti.
Que bonito nombre tienes, amor. ¿Te acuerdas de nuestra historia?

Las noches eran bonitas cuando mis pies podían enredarse con los tuyos en la cama.
Y de madrugada nos cubríamos con la sábana y salíamos a besar el amanecer a la terraza.
Mis labios desbocados, cada vez que coincidían con la marea de tu ojos, verdes, que se fundían con la miel de los míos.
Venias cuando dejaba la puerta abierta a propósito.

Sabias estar siempre, y no aparecer en esos días que mi pecho izquierdo pedía un poco de entrega individual.
Sabias quererme fuerte, quererme bien. Y yo de tanto que te quería te escribía.
Me quede afónica de corazón. Sangrar de amor es igual de bonito que llorar de alegría, pero si sangras tanto que ya no sabes querer bien, mejor afloja un poco, o afloja del todo.
Yo sangré contigo. Sangramos.

De tanto que nos queríamos empezamos a querernos mal. Tan mal que dolía.
Sigo escribiendo. Y mi corazón grita cada vez que lo hago. Pero ya no sangro.
Sigo teniendo cicatrices. Yo digo que son la marca de lo que nos quisimos.

No me he vuelto a enamorar. Escribirte me sienta bien. Y quererte ha vuelto a ser bonito.
Aunque nunca diré que te tengo cariño, es la manera mas cobarde de desestimar un te quiero.

 "Eres de esas que quieren hasta la médula. Quieres tan de verdad que nunca dejas de querer a alguien de quien has estado enamorada, y eres valiente de sobra como para volverte a enamorar." - Me lo dijiste después de dos meses estando conmigo, y nadie nunca ha dicho algo tan real y bonito de mí.-

Eres de esos que ya nadie cree que haya en el mundo. Podrías ser la media naranja de cualquiera. Quieres intensamente, quieres de verdad, y no dejas de querer por mucho que los demás lo hagan.” - Te contesté con mis dientes haciendo chiribitas.-

Todavía recuerdo tus manos, cálidas, deslizándose entre el hielo de las mías. Mis dedos revoloteaban por tu piel haciéndote cosquillas. Me encantaba cuando te reías.

No éramos más que dos corazones latiendo, elocuentemente imperfectos.

Guardo muchas cicatrices por tu marea de ojos verdes, y tus labios que me mordían de tanta ansia por tenerme, del amor que se fundía en cada te quiero que me susurrabas al oído y que gritabas en medio de cualquier parte, del deseo que despertabas en mí y que yo provocaba en ti, intenso y salvaje, pero tierno y nuestro, solo nuestro.
Cicatrices que son las marcas de lo que nos queremos.

¿Por qué no volvemos? Volvemos a vernos, y vuelves a quererme. Para que las noches vuelvan a ser bonitas, la luna brille, y la lluvia caiga mientras bailamos.

¿Por qué no seguimos viviendo nuestra historia, amor?


P.D: Para los que hayáis aguantado hasta el final, solo puedo deciros gracias. Gracias infinitas por leerme, he estado fuera de órbita un tiempo, y ni siquiera tengo una justificación... pero ha llegado el momento de volver. Y vuelvo con muchísimas ganas, con el tintero cargado de historia, y el corazón loco, pidiéndome a gritos que le deje expresarse.

Se me olvidaba... Todos los domingos se cuentan historias...
Nos vemos pronto, valientes.


                                                      Silvia Soñadora